lunes 16 de enero de 2012

Sentencias cuestionadas

Casi en el mismo momento en el que se hizo pública la sentencia del caso del asesinato de Marta del Castillo, los medios de comunicación y las redes se llenaron de expresiones de repulsa. Da la impresión, de repente, que el culpable del asesinato de la pobre chica sevillana ha sido el juez, porque la frustración acumulada se ha concentrado sobre el encargado de dictar sentencia. Lo asqueroso de este caso es el delito y la posterior desaparición del cadáver; y como los juzgados se encargaron de mentir y volver a mentir. Y el final del proceso, una condena por asesinato y la absolución de todos los personajillos que supuestamente habían colaborado en la desaparición del cuerpo y de las pruebas del crimen. Condena a uno y absolución a los demás en lo legal, porque la opinión pública y la furibundia ha condenado a todos de por vida. No conviene sacar de quicio las sentencias judiciales por varios motivos. El primero de todos es evidente: el proceso ha durado un siglo, y durante todo él se han practicado multitud de pruebas policiales y periciales que han dado como resultado que el juez haya concluido que Carcaño es un asesino y que los demás son inocentes de lo que se les acusa. Dejo fuera a la familia, cuyo dolor me sirve para excusar cualquiera de sus declaraciones altisonantes sobre la justicia de España. Pero el resto, empezando por medios como ABC, cuya portada del sábado me pareció irresponsable, deberían pensárselo dos veces a la hora de criminalizar a los absueltos y de imputar delitos (porque dictar una sentencia injusta a sabiendas es un delito) a los jueces. En segundo lugar porque jamás podríamos ponernos de acuerdo en cual debería ser la sentencia. Y esto no funciona como una asamblea, sino mediante un riguroso proceso judicial. Me pregunto cual hubiera sido la sentencia que hubiera dejado tranquila a la concurrencia. ¿Cadena perpetua para todos?, ¿pena de muerte? Los medios de comunicación, como en tantas otras ocasiones, han llevado a cabo un linchamiento del que no se ha salvado nadie, ni el asesino Carcaño, ni su hermano, si sus colegas, y ahora, al fin, ni la policía ni la fiscalía ni el juez. Cuando la multitud pide sangre no se detiene en códigos penales ni en procedimientos procesales. Claro que la turba, dirigida por unos cuantos medios interesados, no lleva razón por mucho que grite, y, por supuesto, no es capaz de impartir justicia. Le falta para ello conocimiento, le falta imparcialidad y le sobra deseo de venganza. Me alegro de que si Carcaño es culpable de asesinato haya sido condenado a 20 años de cárcel y me alegro también de que si los demás son inocentes queden libres. Y si mañana un tribunal superior decide modificar la sentencia en base a nuevas pruebas o nuevas interpretaciones, volveré a alegrarme de lo que decidan. Y en tercer lugar, en mi opinión, porque estas polémicas están dirigidas y participando nos convertimos en cómplices de ciertos complots. Hace ya años que los medios de comunicación tienen muchísimo interés en que el ciudadano ponga en duda la eficacia del sistema judicial y la sabiduría o la aptitud de los jueces y fiscales. El motivo es muy sencillo y hay ejemplos cercanos y más ejemplos a punto de venir, que permiten a este blog avanzar por este camino conspiranoico. Cuando toda la caverna se empeñó en que detrás del 11 M estaban todos menos los islamistas salafistas que se suicidaron el Leganés, se dedicaron a llenar portadas con grandes titulares de probadísimas relaciones entre unos y otros. Entre ETA, los servicios secretos Marroquíes, Rubalcaba y Maroto el de la moto. Como finalmente la realidad tozuda demostró por vía judicial que aquello fue una masacre islamista, los medios lo tuvieron muy sencillo: Los jueces y los fiscales son unos inútiles y la policía cómplice. La verdad, mantenían y mantienen, es la conspiración paranoica diseñada entre Pedro J, el incansable Luis del Pino y los cómicos de siempre, los que ven a ETA detrás el 11 m, del 15 M y de todo en general. Ahora, con el descrédito a la sentencia de Marta del Castillo, medios como ABC abonan el camino para lo que viene. Y lo que viene es la condena de Camps y de Jaume Matas, y puede que el archivo de la causa contra Pepe Blanco. Y lo que vendrá también (eso espero)es la absolución del Juez Garzón. En esta línea, eso que se llama la Gaceta, que se vende como un periódico que parece un periódico, pero que no es un periódico, ya anticipaba ayer domingo en portada que a Garzón le van a incapacitar por diez años. Cuando eso no ocurra, los cavernícolas en lugar de pedir disculpas dirán que los jueces están vendidos y que la justicia es una mierda. Ya ha ocurrido en el caso de las sedaciones del Doctor Montes y ni un sólo medio de comunicación de la derecha ha pedido disculpas por sus insidias. Lanzando ahora la fácil crítica a una sentencia, que fuera cual fuera hubiera sido frustrante, se utiliza la figura de la pobre Marta del Castillo para poner en entredicho todo el sistema judicial. Tarde o temprano, las sentencias acabarán dibujando el mapa de corrupción dibujado por el PP en Valencia y Baleares, pero para entonces los juzgadores estarán debidamente desacreditados. Al tiempo