miércoles 28 de diciembre de 2011
Estafa legal y consentida
No hay ni un solo reproche legal que pueda hacerse al nombramiento de doña Ana Botella como alcaldesa de Madrid. Sin embargo, eticamente, es una estafa.
Don Alberto Ruiz Gallardón hizo hace siete meses una campaña electoral con dinero de todos los madrileños en la que aseguró varias veces que su compromiso con la ciudad de Madrid era Tal y Cual, que él se debía a los ciudadanos, que su deber con Madrid y que su proyecto y que tal y que cual… Mentiras. Mentiras en aquel momento, aunque claro, no puedo probarlo, y mentiras que ahora se han hecho reales.
En estos momentos en los que el compromiso de los políticos se examina con mayor severidad que hace algunos años, son muchos los que opinamos que es indecente que un señor jure y perjure que se presenta a un cargo y sólo 6 meses después, abandone el cargo aduciendo compromisos más altos. Es indecente que este señor me diga ahora que su compromiso con la justicia de España, por muy importante que sea, es superior al compromiso que adquirió con sus ciudadanos. Y de paso, con este paso adelante deja en duda su siguiente compromiso. ¿Si mañana le llaman de Europa, o de Coca Cola, o de la ONU? Ha jurado su cargo de ministro con el mismo cinismo que hace 7 meses juró el cargo de Alcalde de la Capital. Lo triste es que en esta vida tan real, tan asfaltada, las Biblias no arden cuando juran los mentirosos, ni sangran los cristos de cabezas espinadas en sus horrendos crucifijos cuando alguien toma el nombre de Dios en vano. (Lo de jurar con biblias y crucifijos en este País aconfesional vuelve a ser para mi un misterio tan insondable como la Santísima Trinidad, pero lo apunto para un post venidero).
Pero la indecencia no acaba ahí. La estafa legal y consentida adquiere rango de sainete cuando la sucesora en el cargo es la Excelentísima (por definición y cargo) señora doña Ana Botella, cuyo único mérito (y recalco lo de único) UNICO mérito para alcanzar un cargo de edil en el ayuntamiento de Madrid, fue estar casada con el expresidentes del Gobierno y mantener cierto contrapeso de extrema derecha en el gabinete municipal del siempre dudoso para la caverna Don Alberto.
Así pues, por la mentira probada, reprobable, documentada y contrastada del ex alcalde, la ciudad de Madrid hereda una carca de tomo y lomo, una mujer cuya declaración más inteligente está aún por llegar (lo único bueno), porque hasta ahora, sus intervenciones hablando sobre peras y manzanas, sobre frivolidad y sobre gaviotas reidoras son dignas de figurar junto a la insigne Mazagatos, aquella del candelabro o el no menos famoso Im Presionante en dos palabras del ex marido torero de Belén Esteban. Cierto es que esperanza Aguirre dijo aquello de la gran escritora Sara Mago, pero comparado con la lideresa, Ana Botella tiene la inteligencia y las cualidades políticas de Ralph, el hijo gordito del jefe de policía de la ciudad de los Simpson. Y sobre sus actos... de gran inteligencia es cambiar los medidores de calidad del aire. Claro, si en el centro hay polución, me llevo el medidor a tomar por culo, que hay más airecito (en la línea argumental del gran George W Bush de talar los bosques para prevenir incendios)
Sumamos a la indecencia del abandono, la indecencia de dejar el bastón de mando a una mujer que lo único que ha demostrado hasta la fecha es incompetencia y homofobia. Pero falta la tercera pata, la del consentimiento.
Y es que un sector no pequeño de la opinión pública ha venido a aplaudir; y de paso, a sacar de cierto armario (creo que invisible) algunos logros (opinables) de la nueva alcaldesa, como que es una mujer inteligente y de gran brillantez. (Que se lo pregunten a las aceras de Madrid, cuya brillantez brilla por su ausencia desde que esta señora se encarga del sector) Y este grupo de insensatos, que animan a los suyos porque les va en ello el sueldo, no se da cuenta de que con esta actitud laudatoria irresponsable debilitan aún más la triste democracia de nuestro país. Por que hay una cosa peor que una estafa democrática, sólo una; que una ciudadanía aborregada no se sienta estafada. Y en ese punto estamos desde ayer.
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