martes 6 de diciembre de 2011
Contenidos y anunciantes
Veo una y otra vez, porque una y otra vez lo ponen, el anuncio lamentable de MoviStar que reproduce una asamblea 15 M, con chica que twitea y preguntas de votos a favor. Sé que lo que anuncian es mentira y que después te enviarán una factura por el importe que les salga de los teclados, y que sólo si reclamas con cierta vehemencia y mala educación, te devolverán el dinero robado y que jamás rectificarán una factura con el importe realmente adeudado por mucho que sea tu derecho. Sé además que con esta practica vil y oscura, MoviStar se financia ilegalmente, cobrando primero a la fuerza y devolviendo lo reclamado días después. Sé, por último, que Movistar, que es Telefónica, intentó despedir y prejubilar a media plantilla con cargo a los presupuestos generales del estado a pesar de dar beneficios. Y sé, por último, que todos sus servicios comerciales y de atención al cliente, que jamás te resuelven nada o intentan venderte nuevas estafillas, están situados en países de Sudamérica, donde la gran empresa orgullo de España, ahorra miles de euros en sueldos.
Lo sé, y sin embargo ningún medio de comunicación lo aborda en profundidad. Y la clave está en el dineral que esta empresa reparte entre los medios de comunicación.
Lo mismo puede aplicarse a otras operadoras de telefonía, a algunas compañías de seguros, o a la única empresa de España donde no hay sindicatos. Todas ellas gastan fortunas en publicidad.
Hace pocos días un grupo de anunciantes decidió retirarse del programa la Noria por la entrevista concedida a la madre de uno de los encubridores, colaboradores o cómplices de ese asesinato espantoso cometido en Sevilla hace unos años. Los anunciantes, como es lógico, están en su perfecto derecho de anunciarse donde les venga en gana, porque para eso ponen su dinero en juego. Bien es verdad que, previamente, sus responsables de marketing y de publicidad han elegido meticulosamente donde anunciarse para obtener el mayor impacto, y el más eficaz y rápido de los retornos de su inversión publicitaria; pero, a pesar de ello, las empresas son muy dueñas de retirar sus cheques y transferencias bancarias de los programas que les desagradan.
Pero hay un reverso tenebroso en todo ello. Hace ya unos meses, un amigo y lector de este blog, Juanra, comentaba que habían expedientado a 5 empresas energéticas por prácticas, digamos poco elegantes, y que nadie había conseguido encontrar en ningún medio de comunicación los nombres de esas empresas. ¿Descuido? ¿Dejadez? ¿Falta de rigor informativo? No, claro que no. ¿Amenaza encubierta, extorsión impuesto revolucionario proempresarial? Eso puede ser.
Sólo después de los desastres, algunos se atreven a meter as narices en asuntos sucios que ya no son más que casos judiciales, como lo de las pulseras esas que llevaban un holograma que daba equilibrio físico y mental. Después de la quiebra, cuando ya no podían anunciarse en ningún medio, entonces sí. Igual que Forum Filatélico, que era ejemplar cuando patrocinaba equipos de basket, o la sólida e incuestionable Nueva Rumasa, que pagaba los silencios informativos a golpe de anuncios cutres de flan de huevo.
Ahora, la retirada respetable de los anunciantes de un programa, hace que me plantee algunas dudas de cara al futuro. ¿Qué pasaría en el caso de que una empresa de preservativos patrocine un programa de debate? ¿Y si la Conferencia Episcopal patrocinara una serie de TV? Dónde estaría el límite de la libertad de expresión. ¿Se vetaría a un antiabortista en el debate? ¿Se dibujaría una sociedad de mujeres abnegadas, amantes de sus esposos, vírgenes hasta el matrimonio en la serie de ficción? Son ejemplos algo exagerados. Lo sé, pero España está de puente y yo no estoy para sutilezas.
¿Y si viajes Meliá patrocina el tiempo? ¿Y si Autopistas del Estado esponsorizara la información del tráfico y de un día para otro todos los accidentes son culpa de borrachos y ninguno a causa del mal estado de las carreteras? Puede llegar el caso terrible de que las constructoras se nieguen a que en las cadenas en las que ellos se anuncien se hable de accidentes laborales, o que las muertes en los quirófanos de las clínicas de estética, se pasen por alto en las cadenas en las que se anuncian algunas corporaciones.
Cada ejemplo que imagino me horroriza un poquito más, pero es lo que hay.
El debate está ahí, y me temo que va a seguir ahí mucho tiempo. La deontología, la ética periodística, la libertad de expresión y la belleza incuestionable del tío que paga la fiesta.
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