lunes 10 de octubre de 2011

Ya estamos en campaña

El partido que va a ganar las próximas elecciones, el Partido Popular, se ha reunido estos días en Málaga para no acabar de decir nada de lo que va a hacer. Ya empezó mal la cosa cuando el Expresidente Aznar sacó a pasear su labia empapada en amnesia y criticó la política antiterrorista del Gobierno de Zapatero y Rubalcaba, acusándole de cosas tan mezquinas y ambiguas como hacer gestos al entorno etarra y esa chorrada tantas veces repetidas de las víctimas, la equidistancia y demás titulares fácilmente desmontables con cifras y hemerotecas en la mano. Recomiendo desde ya a todos los Aznaristas y Peperos que repasen todo el proceso de acercamiento de presos y todas las declaraciones de Aznar cuando era presidente respecto a ETA, incluyendo la famosa definición de Movimiento Vasco de Liberación. (Para más pistas entre 1996 y 2004)
Pero luego vino el gran titular:
El Partido que va a ganar las próximas elecciones reúne a todos sus expertos y eruditos para que el señor Federico Trillo anuncie la supermedida: la Pena de Cadena Perpetua Revisable.
Pedir aumento de penas es lo que hacen los niños en el cole cuando les cuentan que un señor malo ha hecho algo malo. Es lo que gritan las pobres mujeres de los pueblos de la España profunda cuando claman venganza visceral: Qué se pudra en la cárcel, que no salga jamás. Que tiren la llave.
Lo que no saben los niños del cole ni las señoras rurales es todo aquello que deberían saber los ponentes en materia penal y penitenciaria del partido que ganará las elecciones; y eso es, simplemente, que el PP quiere ganar votos con la irreflexión, con lo fácil de decir.
Necesitamos una sociedad en la que los políticos expliquen a sus ciudadanos porqué la cadena perpetua revisable no tiene sitio en nuestra Constitución. Deberían también explicar que esa supuesta supercondena solo podría aplicarse a los delitos más graves, es decir, a los asesinatos. Si tiramos de cifras, resulta que en nuestro país no se juzgan más allá de 100 homicidios al año, y que además, un asesinato es un homicidio cualificado, es decir, que sólo unos cuantos de esos menos de cien homicidioa serían reos de esta pena de por vida.
Pero hay más. Más que no saben estos populistas, o sí saben pero callan a cambio de unos votos irreflexivos.
En primer lugar que la sociedad ha de tender a evitar los delitos mediante políticas de educación, formación y, por supuesto prevención; pero que aumentar las penas no evita delitos futuros, sólo castiga más a los culpables.
En segundo lugar, que cuando la sociedad encierra a un tío de por vida, está comprando muchos boletos para que dentro de 30 o 40 años se organice una feria en torno a si un anciano de 75 años debe seguir en la cárcel por algo que cometió hace tres o cuatro décadas. Y se victimizará al asesino y se criminalizará al estado gracias a la irresponsabilidad de un partido político que no mira por la ciudadanía, sino por sus cuotas de poder.
Pero además, el PP disfraza con esta frase retorcida y demagógica de la cadena perpetua revisable su incapacidad para hablar de lo realmente acuciante, que es una reforma de nuestro poder judicial, y de paso, de la política penitenciaria. No dice el PP que debería dejar de existir la Audiencia Nacional, o la sala 5 del Tribunal Supremo. Y no lo dice, no porque sea incoherente, o por que lo desconozcan. No. No lo plantean porque la inmensa mayoría de sus votantes, esos que votan a ciegas, pase lo que pase, no tienen ni idea de que los grandes problemas de la justicia no emanan del propio poder judicial. No importa que emanen de su politización y de las leyes emanadas de nuestro Parlamento, que son las que los jueces han de aplicar.
Plantear las reformas necesarias sería como reconocer que ellos, los legisladores, legislan mal. Y eso daría a la ciudadanía capacidad moral para pedirles responsabilidades.
No. Al votante irreflexivo del voto visceral sólo le preocupa que los condenados cumplan más penas, que a los niños se les baje la edad penal, que se criminalice a las mujeres que decidan abortar, como si eso no fuera ya suficiente drama, o que se señale con el dedo al diferente, al gay, al extranjero.
Lo fácil. Lo que vende. Y luego se quejan de que en nuestro país la gente es inculta, y no lee, y no se esfuerza. Pues eso es, precisamente, lo que beneficia al PP, que la gente no piense demasiado y acuda a los colegios electorales por el camino de baldosas azules, a votar por frases grandilocuentes y vacías de contenido.
Y van a ganar.