martes 4 de octubre de 2011

Ilusión

Llevo unos días participando en las mesas de recogida de avales de Equo. La ley electoral cambió y ahora es necesario que cada partido político sin representación parlamentaria presente firmas que representen, al menos, el 0,1 por ciento del censo de cada provincia.
Me han contado tres versiones sobre el motivo, y como no sé cual es la correcta, ahí van.
Una, para evitar que concurran grupos que sólo quieren quedarse con el censo para vender los datos. Otra, que lo han hecho a nivel nacional para evitar que en Euskadi en particular se junten unos cuantos y monten un partido proetarra. Y la tercera, que dice que es por evitar gastos, porque hay que tener en cuenta que el estado debe imprimir una papeleta por cada votante y cada partido; es decir, cientos de millones de papeletas. Y no solo imprimirlas, sino verificarlas, almacenarlas, distribuirlas por todo el país, etc.
Sea como sea, creo que a nosotros esta molesta medida nos ha venido muy bien, porque estamos en la calle y la gente nos ve y nos pregunta; y por tanto, se entera de que existimos; porque hay que ver lo difícil que es que la gente, así en general, se entere de que uno existe si no sales por la tele.
Ilusión decía. Y si. Ilusión la que percibo en mucha gente que se acerca a estas mesas. Ayer lunes, entre las 7 y las 8 de la tarde, vinieron dos de estas personas ilusionadas que hace que merezca la pena que entre todos intentemos que esto salga bien. Dos personas que se habían dedicado durante el fin de semana a buscar a sus amigos y a sus familiares para pedirles la firma. Gente que, sin participar activamente en EQUO, se había levantado un lunes, se había llevado las hojas a la ofi, había consultado por Internet donde podría encontrar una de nuestras mesas y por último, al salir del curro, se había desplazado hasta donde estábamos nosotros a traernos 10, 15 o 20 avales.
Pero hay más. No es una cuestión de cantidad de avales. No. Hay gente que resta un rato de estar con sus hijos para cruzar el barrio y firmar. Y gente que busca aparcamiento y nos busca y nos encuentra. Y gente que se baja de la bici, y gente que se desvía de su ruta habitual para dejar su nombre y su DNI en las hojas que han de cumplimentarse con la pulcritud casi maniática que exige la Junta Electoral. Los hay también que te dicen abiertamente que no te van a votar, pero te avalan porque creen en la pluralidad, cosa que me parece una forma diferente de ilusión. Bienvenida sea.
Y esa ilusión por la firma es la que se va a convertir en interés por el voto, que al final es lo que cuenta.
Supongo que va a ser dificilísimo alcanzar la representación que deseamos. Pero algunas encuestas ya hablan de nosotros y en algunos medios de comunicación empieza a sonar nuestro nombre. Hay también algún que otro político de otra formación que ya anda criticando, lo que significa que empezamos a hacernos un huequito.
Ilusión, mantengo, porque somos nuevos y porque proponemos cosas diferentes. O porque somos los únicos que no sonamos a lo de siempre. O porque es hora de que haya un partido ecologista en el Congreso, o porque nuestros candidatos han sido elegidos en todas las provincias mediante primarias.
Sea como sea, el hecho es que hay gente por aquí, por nuestro país, que en lugar de andar maldiciendo y caminando con los hombros encogidos y mirando al suelo, piensan que a lo mejor entre todos podemos cambiar las cosas. No hay milagros, no va a haber un cambio radical como ese que anuncia Rajoy el Mesias con su sola venida. Eso no. Pero si es posible que arranque algo que aglutine en un instrumento tan denostado como un Partido Politico, la vieja idea de que los países pertenecen a los ciudadanos y no a los Bancos, ni a los mercados, ni a los grupos de presión.
Ilusión, concluyo.