En momentos de crisis y paro es cuando la gente sin formación se lamenta de no haber terminado aquel curso puente, de no haber tenido dinero para aquel master o de haber recorrido los billares del barrio en lugar de los institutos.
Las colas del paro están llenas de gente capaz que, sin embargo, no ha obtenido un certificado ni un diploma que diga que Fulanito de Tal hizo un master en Harvard, ni una carrera en la complutense ni un triste curso de peluquería en CCC.
Luego están los que van de sobrados porque coleccionan trozos de papel que cuelgan en las paredes de sus despachos. No está muy claro que sean más capaces, pero se les presupone una formación de la que los demás carecen.
Lo malo es que con frecuencia son tan incapaces los iletrados como los doctores, y ahora que las empresas que no han sabido crecer se diluyen en la crisis, salta a la vista que aquí hay más títulos y licencias que gente capaz. De hecho, por extraño que parezca, para lo único que no hace falta tener carné en España, es para ser padre y para ser empresario. (Esta sentencia me la dictó un señor que vive en una aldea de La Rioja, que se llama Francisco, que no tenía aspecto de tener ninguna titulación y que, probablemente, jamás leerá estas palabras).
Lo cierto es que estos fallos en la capacitación mínima exigible quedan en evidencia cuanto más alto es el cargo que se desempeña.
La semana pasada fue una alcaldesa, la alcaldesa de la tercera ciudad de España, Rita Barberá, que demostró que no tiene capacidad ni condiciones para ser alcaldesa de nada.
Si piensa realmente que las anchoas del señor Revilla son comparables con los regalos envenenados que el Bigotes le ha hecho a Camps, esta mujer debe abandonar inmediatamente su puesto por ignorancia absoluta de todo.
Pero hay otra posibilidad, y es que esta buena señora sepa que hay diferencias e intente desviar la atención, en cuyo caso debe dimitir por mal intencionada. No creo que pueda ser buena alcaldesa una persona que tergiversa la realidad con el único fin de proteger a los suyos, a los suyos de su cuerda, de su negocio; no a los suyos de su ciudad.
Después de escuchar varias veces la comparación entre los trajes y las anchoas, no me cabe ninguna duda de que esta mujer dará la subvención a su amigo antes que al que se lo merece. Dará la licencia al amigo antes que al que se lo merece, y, por supuesto, espera que los suyos inventen y tergiversen en su propio beneficio tal y como lo ha hecho ella.
Lo malo es que la política es eso, política y se puede llegar a ser cabeza de lista de un partido sin ser buen gestor ni buena persona. Se llega a cabeza de lista haciendo favores a los amigos y poniendo trabas a los enemigos.
Eso es, exactamente lo que le ha pasado a Camps con el Bigotes. Se ha fiado de un liante, y la ha liado. Lo malo es que todos los incapaces que le rodean le defienden, más que por convicción, por instinto de supervivencia, para que cuando les pase a ellos puedan exigir del entorno el mismo grado de respaldo injustificado.Puede que si, que sean buenos para la política, pero no son lo que la sociedad necesita. Son incapaces sin necesidad de sentencia de incapacitación
miércoles 15 de julio de 2009
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